Visita al hipódromo

La mañana del lunes 27 de Abril un grupo de 20 socios tuvieron el privilegio de acceder al Hipódromo de la Zarzuela en una visita guiada exclusiva para Cámara en Mano, pensada no solo para observar, sino para mirar con intención.

Atentos al guía, Carlos Polo, Ingeniero de Caminos Canales y Puertos, explica que el conjunto, proyectado por los arquitectos Carlos Arniches Moltó y Martín Domínguez Esteban, con la decisiva aportación estructural del ingeniero Eduardo Torroja Miret, comenzó a construirse en 1935 y es hoy una de las obras más representativas del racionalismo español, habiéndose declarado Bien de Interés Cultural.

Sus marquesinas de hormigón armado, parecen flotar sobre el espacio, generando un juego de curvas que, bajo el sol de la mañana, alterna ritmos de luz y sombra casi cinematográficos.

Se visitaron las galerías bajo las gradas, en las que se encuentran ahora los lugares en los que se realizan las apuestas los días de carreras y se accedió a la parte más alta de las gradas. En ambos lugares el guía destaca la trabajosa restauración a la que fue sometido el conjunto arquitectónico a principios de los años 2000.

Tras visitar el pie de pista, donde se explica el complejo cuidado de la hierba que sirve como pista de carreras para los caballos en primavera y otoño únicamente, se accede al paddock. Este recinto que simula la plaza de un pueblo (tal y como fue diseñado por sus arquitectos) es el espacio donde los caballos desfilan acompañados por sus mozos y jinetes, permitiendo a los espectadores observar su estado físico, comportamiento y preparación justo antes de salir a pista.

En este último punto finalizan las explicaciones, y tras la correspondiente foto de grupo, los asistentes pudieron dispersarse por la zona, buscando encuadres que captaran la tensión entre forma, belleza y funcionalidad. Algunos se detuvieron en las líneas limpias de las tribunas; otros, en los detalles casi escultóricos de los soportes. El entorno natural, con el monte de El Pardo extendiéndose en las inmediaciones, aportaba un contraste que suaviza la contundencia del hormigón.

Mientras tanto, en la pista, varios caballos entrenaban ajenos a la presencia de los fotógrafos. Su movimiento aportaba dinamismo a la escena: músculos en tensión, respiración visible en el aire fresco, el sonido rítmico de los cascos sobre la arena.

El enclave permite que la mirada se escape más allá de la pista y las cubiertas, abriéndose hacia el horizonte urbano. Allí emergen las Cuatro Torres, que se recortaban nítidas en la atmósfera limpia de la mañana, junto al resto del “Skyline” de Madrid. Ese diálogo visual entre la arquitectura racionalista de los años 30 y la verticalidad contemporánea de nuestra capital ofrecía un encuadre especialmente atractivo para los asistentes.

Más de una cámara buscó congelar ese instante preciso en el que animal, arquitectura y luz coincidían.

Fue, en definitiva, una experiencia donde la fotografía sirvió de excusa para redescubrir un espacio emblemático. Una mañana en la que las formas modernas, las sombras cambiantes, las vistas urbanas y la vida silenciosa del hipódromo se ofrecieron, generosas, a quienes supieron mirar.

 

Pronto podrás ver aquí las fotos de los participantes

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